Hoy ha fallecido, en una cárcel convencional, el exdictador argentino (1976-1981) Jorge Rafael Videla, uno de los personajes más miserables … Más
Categoría: Sudamérica
Qué ver y visitar en tus viajes a Sudamérica
Necochea, entre el turismo de Mar del Plata y la fauna de Península Valdés
Gracias a mi devoción por el cine argentino, crudo, realista, humilde a veces, descubrí que existía Necochea. Pronto me convertí … Más
Villa General Belgrano: la Argentina tirolesa y cervecera con su Oktoberfest
Villa General Belgrano, en el corazón de la provincia de Córdoba, en el valle de Calamuchita, tiene una gran herencia cultural de sus pobladores alemanes. Su festival de la cerveza Oktoberfest es el más bávaro fuera de Alemania.
Arequipa, la ciudad blanca de Perú
El sol siempre abraza Arequipa, la hermosa y monumental «Ciudad Blanca» del sur de Perú. Cuenta con una hermosa arquitectura colonial y museos arqueológicos de primer orden.
Cerro Aconcagua, el techo de América que vigila a Los Penitentes
El cerro Aconcagua es la cima más alta del mundo fuera del Himalaya. La cumbre está en los Andes argentinos y a su alrededor se expanden paisajes montanos y estaciones de esquí.
Un pacífico atardecer en Lima
No es lo más visitado de Perú, pero Lima tiene en el océano Pacífico y sus atardeceres un aliado para ganar encanto. La Plaza de Armas y los barrios de Barranco y Miraflores son los distritos más visitados de una ciudad que tiene sus peligros.
El glaciar Perito Moreno, el hielo azul y vertical de la inmensidad
El Perito Moreno, el glaciar más famoso del mundo, es el rey del Parque Nacional de los Glaciares de la Patagonia Argentina. Su inmensa pared de hielo azul empequeñece a quienes se enfrentan a ella.
Mi último San Juan con La Roja… a base de samba en Morro de São Paulo

En el estado brasileño de Bahía, la de San Juan no es la noche más corta… porque tan cerquita del ecuador, días y noches apenas difieren en duración a lo largo de todo el año. En una de mis veladas favoritas del año, no quiero pensar en el peor capítulo de todos mis viajes, en Salvador, por eso este post se lo dedico únicamente a la idílica isla de Morro de São Paulo.
En esa terraza, en esa hamaca, pasé una de las noches más amargas de mi vida, pero también celebré los goles de España contra Chile y tuve las mejores vistas del amanecer.
A base de caipirinha hecha delante de mí con zumo de acerola (una cereza local), celebramos San Juan sólo con otros dos blancos. Fui durante tres días la única europea de la isla… y también fue el único viaje de mi vida en el que no me encontré con ningún español.
El mar idílico lo es sólo en superficie. Bajo este plato, traicioneras rocas impiden un baño tranquilo. Es la playa Dos. La más parecida a las del Caribe, la Cuatro, se encuentra al final de la línea de costa, aislada. Tanto, que a esos dos únicos argentinos con los que celebramos San Juan los asaltaron con un facón por una simple cámara de fotos.
Así recuerdo Brasil… con una permanente sensación de inseguridad. Pero durante tres días, asemejó un paraíso. Hoy que recuerdo más que nunca las calles desiertas de Salvador mientras jugaba la Canarinha… he vuelto a casa por un Gijón desierto. Porque… antes no pasaba, pero ahora España es la campeona. Y si se repiten tantas cosas de 2010… ¿por qué no también ésa?
Esta noche pediré una caipirinha para llamar a la suerte…
Volver a la inocencia en la selva peruana

Quedan aún lugares donde parece que lo que hoy conocemos por «civilización» aún no ha arrasado costumbre, tierras y personas. Quizás sea difícil encontrarlos o quizás simplemente pensemos que no nos apetezca hacerlo, que pueden ser sitios hostiles o peligrosos, precisamente porque tememos no saber cómo afrontar el choque cultural.
Sin embargo, la paz que nos inunda cuando embarcamos en Iquitos hacia las entrañas del río más caudaloso del mundo nos hace pensar que todo lo malo lo vamos dejando atrás. Y de alguna forma, así es.
Llegaremos a la aldea de Santa María de Ojeal, donde los niños aún juegan entre la hierba, donde no hay paradas de autobús, sino embarcaderos, donde se sigue el ritmo que marcan el sol y las tormentas. Allí dormimos en bungalows sin luz eléctrica, acostándonos al atardecer, cantando de la mano mientras nos mecíamos en las hamacas. Esas hamacas, envueltas en los ruidos de pájaros e insectos amazónicos, en los gritos de los monos que trepaban por las paredes, traen a mi memoria la más sublime sensación de remanso y protección del mundo que tuve en muchos días. Aún hoy, cuando pienso en cuánto me gustaría escaparme por un momento de los problemas, mi mente vuelve a mecerse en aquellas hamacas.
En el poblado de los indios yaguas, aprendimos a cazar con pucana (cervatana artesanal), a reconocer los frutos de la jungla -como la mantequilla vegetal-, a pescar pirañas y a extraer el jugo de caña de azúcar para elaborar aguardiente. Bailamos las danzas ancestrales y nos encandilaron las sonrisas de las preciosas niñas indígenas.
Aprendimos que no sólo hay delfines de río, sino también delfines rosas, abrazamos a un oso perezoso y observamos -yo con asco, cierto es- la temida anaconda. Saltamos entre monos y nos empapamos con los aguaceros. Fuimos niñas por tres días, lejos del alcance de otros animales más peligrosos que nos acechaban a la vuelta.
En Iquitos, escapábamos de las hordas de triciclos y serpenteamos entre las calles levantadas por las obras. En la ciudad de Pantaleón y las visitadoras, el calor húmedo es insoportable en las horas centrales del día, pero lo esquivábamos comiendo chifles (snack de plátano frito) y campeonando al futbolín en el muy querido Flying Dog Hostel. En sus paredes han quedado nuestras firmas y dedicatorias, conscientes de que durante mucho tiempo no íbamos a conocer la pureza de aquella sociedad sin malograr.
Los valles calchaquíes y la quebrada de Humahuaca
Los valles calchaquíes y la quebrada de Humahuaca, que se expanden por las provincias de Salta, Tucumán, Jujuy y Catamarca, conservan la cultura indígena del Altiplano, del norte de Argentina. Paisajes infinitos, fauna, vino y tradición.