Paleokastritsa: la bahía estrella de Corfú

Con lo bueno y con lo malo. Lo bueno, que efectivamente resalta por su una indudable belleza, con sus cinco brazos que recuerdan a Kotor. Lo malo… sobresaturada, como Sidari y Kavos, los tres puntos negros de la masificación en la isla. Hasta los cruceristas, que solo le dedican un día a Corfú, repletan autobuses para ver la capital, Sidari y Paleokastritsa. Los corfiotas te aseguran con entusiasmo que es lo más hermoso de su isla, se llevan los cinco dedos juntos a la boca en actitud de… “sublime”. Pero, quizá, llevan mucho tiempo sin visitarla o nunca van en verano.

Paleokastritsa tiene varios puntos fuertes, pero destacan tres: el monasterio, Angelokastro y las vistas desde la aldea de Lakones. La carretera bordea todas las bahías, aunque es difícil acceder a miradores libres, pues todas las curvas están copadas por restaurantes y tavernas que dedican las terrazas y aparcamientos a los clientes. Aparcar a lo largo de la carretera, o simplemente parar, también está complicado debido a la multitud de gente que se concita en este rincón de Corfú.

Lo mejor es dejar las grandes vistas para el final y subir en primer lugar al monasterio de Panagia. Fundado en 1225, el edificio que hoy vemos, repleto de flores, es ya de época otomana. Primero se supone que hubo una antigua fortificación, de ahí el nombre de “paleokastritsa” o antiguo castillo. Este fue destruido por los genoveses en 1403 y reconstruido de nuevo a finales de siglo, aunque otra vez destruido por los turcos. En 1572 se erigió el edificio que hoy, tras algunos arreglos, nos encontramos. El monasterio cuenta con un pequeño museo de arte y trajes bizantinos, además de una capilla. Desde sus altos, gozamos de unas hermosas vistas a las afueras de la bahía.

Bajando, nos encontramos primero con la playa de guijarros. A su lado, un amplísimo aparcamiento facilita la llegada de los cientos de visitantes que pasan cada día por aquí. La cala principal, de arena y aguas relucientes, está tan abarrotada que no cabe una toalla más. De ella parten barcas hacia una de las playas de acceso únicamente por mar más populares: la Paradise Beach. Atendiendo a las colas de los botes y su ritmo de salida, decido no ir: ahora será de todo menos paraíso desierto, y en Corfú sobran las playas paradisíacas y solitarias.

Emprendiendo camino a Angelocastro, se consiguen algunas buenas fotos del mar desde las curvas de la carretera antes de comenzar el ascenso atravesando la aldea de Lakones. Encantador pueblo, tan cerca pero tan lejos del bullicio gracias a su elevación, sus calles estrechas están regulados por un semáforo de entrada y salida del pueblo. El “Castillo de los Ángeles” podría ser, al igual que las ruinas previas al monasterio, el que diera nombre a la bahía, por ser el único castillo antiguo conocido en la zona. Desde un promontorio, su silueta majestuosa impresiona aun en ruinas. Se puede hacer el ascenso a pie, aunque con el calor de mediodía no parece lo más recomendable.

A la bajada, buscamos la curva mágica de la carretera de Lakones y ahí tenemos: toda la bahía a nuestros pies, con el pueblo, el monasterio y sus dos playas principales a la derecha; y el resto de bocas hacia la izquierda. Desde lo alto, solo se aprecia en tranquilidad la belleza del paisaje. Paleokastritsa, en mi opinión, no es la mejor postal de Corfú, pero, a pesar de todo, merece la pena.

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