San Gimignano, en el corazón de la Toscana

En el corazón de la Toscana

Probablemente ningún pueblo capte en todo su esplendor la esencia de la Toscana como San Gimignano. A medio camino entre la gran joya del Quattrocento, Florencia, y la más inadvertida pero soberbiamente bella Siena, esta pequeña ciudadela amurallada surge en el horizonte después de doblar alguna de las incontables curvas del trayecto. Corona una colina que domina las floridas y bucólicas llanuras toscanas, en las que el tiempo parece pasar a otro ritmo, más calmado, más lento, somnoliento.

Fortificado tal y como lo vemos hoy en la Edad Media, destaca por el excelente de sus torres, que le confieren su perfil escalonado y marrón. En una carrera de testosterona que la raza humana aún no ha superado a pesar del paso de los siglos, los señores pudientes de entonces pugnaban por erigir y poseer la torre más alta del recinto. Pero al contrario de lo ocurrido en otras villas de la región, las de San Gimignano no padecieron la cruel destrucción de los grandes conflictos del siglo XX y 13 de ellas se conservan impolutas.

Sus calles angostas y empinadas apenas soportan el tráfico rodado, que se reserva a la vida extramuros. En las confluencias de las más importantes, hermosas plazas irregulares llenan de vida y algarabía los atardeceres estivales. Quizás la más bella sea la de Cisterna, con su macizo pozo pétreo en el centro. A ambos lados de la Via San Giovanni, las artesanías y los productos de la tierra estallan en vivos coloridos sobre la monocromía arenisca. Si no se quiere sufrir una confusión temporal transitoria, no es aconsejable cerrar los ojos más allá de un parpadeo: es probable que al abrirlos nuevamente el pavimento aparezca cubierto de paja, circulen bueyes uncidos y alguna cortesana de corpiño fruncido nos ofrezca unos olorosos limones.

Un cuento medieval en Chester, Inglaterra

Un cuento medieval en Chester

Un cuento medieval en Chester

Parece mentira que, a media hora del corazón industrial de Inglaterra, rodeada de ciudades plagadas de fábricas y humos, aparezca esta coqueta villa en la que se echan de menos los carros tirados por bueyes y los fajos de cebada en la plaza.

Porque en Chester, con sus estructuras y fachadas de madera, sus pronunciados tejados a dos aguas, la reluciente blancura y las calles adoquinadas, podemos pensar que paseamos por la Inglaterra de Shakespeare.

Cerquita de Gales, las murallas romanas y medievales enmarcan un precioso centro histórico coronado por la catedral y el puente. Sus cuatro calles principales siguen siendo las mismas desde la fundación romana, a principios de nuestra era.

La ciudad ha dado a Inglaterra ciudadanos ilustres, como Michael Owen o Daniel Craig, pero también ha contribuido a la historia de su país, pues fue, por ejemplo, una de las últimas ciudades que cayó ante los normandos, dio nombre a una importante batalla contra los bárbaros en los inicios de la Edad Media y fue uno de los centros más importantes de la Revolución Industrial.

Tan cerca de Liverpool, esta ciudad es sin embargo diametralmente opuesta a la villa natal de los Beatles. A su encantadora ciudad vieja se une los parques. Es la ciudad más hermosa y con más encanto de Inglaterra. Y aunque la recorramos en una hora, la misma calle es diferente en cada paseo.