Asia a un lado; al otro, Europa; y allá a su frente, Estambul

Atardecer desde el mar en Estambul

Estambul, la ciudad a caballo del Bósforo

En el mapa, solo un látigo de mar separa Asia de Europa. El Bósforo parece un simple lago, una mera transición. Sin embargo, supone un cambio irremediable, a pesar de que una ciudad, una de las urbes con más historia del mundo, está a mitad de ambos mundos. Pero hasta en ella, la que se supone la misma ciudad, se percibe la metamorfosis continental de ambos lados de los puentes y pasadizos.

La antigua Constantinopla muestra siluetas espectaculares se mire desde donde se mire. Los minaretes y las torres de las mezquitas, ya sean de nueva planta o catedrales cristianas reconvertidas, como la espectacular Santa Sofía, sobresalen en todos los horizontes de Estambul, al igual que la torre de Gálata.

Atardecer desde el Estambul de Asia

Desde Asia, sentadas sobre los espigones de piedra, vimos desaparecer el sol tras la silueta más reconocible de la ciudad, la europea. Es la asiática la zona menos desarrollada, donde no aceptan los euros de los turistas -que apenas la pisan- y donde menos edificios históricos encontramos, aunque los que hay nos impresionen, como la torre de Leandro o el imponente palacio de Topkapi. Es esa la que marca el atardecer cuando observamos la Estambul asiática desde el continente europeo.

La última opción es ver atardecer desde el mar. En mitad del puente peatonal que conecta ambas orillas, tiradas en unos poofs de un bar de diseño, el sol se esconde sin saber muy bien en dónde estamos. El cielo se tiñe entonces de rojos y amarillos que justifican el nombre de Cuerno de Oro.

La nueva Roma, sus olores y su Mezquita Azul

Perderse en los barrios de la nueva Roma es un regalo para los sentidos, para todos. Los olores del Bazar de las Especias nos perseguirán durante toda la vida. En el Gran Bazar, donde la pelea por la atención del turista nos garantiza el trato en español, los pasillos parecen no tener fin, recoveco tras recoveco. Las catacumbas, el antiguo sistema de alcantarillado, los edificios romanos, bizantinos, clasicistas… Suntuosos palacios y grandiosas mezquitas contrastan con la baratísima y sabrosa comida. Descubrir la auténtica cocina turca, más allá del kebab en los restaurantes europeos de comida rápida, será el recuerdo más sólido que nos llevemos de la antigua capital otomana y la capital sentimental de Turquía.

Hay muchas postales y sensaciones que me empaparon en el que fue uno de mis primeros viajes fuera de España. La imagen nocturna de la Mezquita Azul, cenando desde una terraza en lo alto de un edificio frente a ella, es una de esas imágenes. Otra de las sensaciones es el estar tarareando mental y sempiternamente “La canción del pirata” de Espronceda. Y el viento en la cara al navegar por el Bósforo…

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