Juicio justo a la belleza de Núremberg

Pocas ciudades hay cuyo nombre esté tan ligado al nazismo como el de Núremberg (Nürnberg en alemán) y sus juicios. Elegida por Adolf Hitler como sede de los multitudinarios congresos del Partido Nazi por ser considerada el tesoro alemán, esa identificación con el núcleo del mal provocó que fuese brutalmente bombardeada por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y su incomparable centro medieval resultó prácticamente destruido en apenas dos años.

Al finalizar la contienda, albergó los llamados “Juicios de Núremberg” contra los más altos mandos nacionalsocialistas que habían sobrevivido. En el banquillo se sentaron nombres de tan infausto recuerdo como Rudolf Hess, Göring o Von Ribbentrop. Esta urbe de más de medio millón de habitantes busca hoy hacer de ese recuerdo un activo y se ha erigido en baluarte de los Derechos Humanos, con un premio bienal y una calle llamada así, calle de los Derechos Humanos. En sus columnas, están grabados en otros tantos idiomas los 30 artículos de la Declaración Universal.

Pero Nürnberg merece ser reconocida en todo su esplendor y no únicamente por el epílogo de este amargo episodio de la Historia Contemporánea. En el corazón de Baviera, esta imponente ciudad milenaria muestra todos los trazos de las diferentes etapas de la vieja Europa. Castillos e iglesias, murallas y restos de su florecimiento comercial al amparo de la cercana Augsburgo, se reparten en un cogollo de imposibles requiebros adoquinados que evitan o asumen el cauce del río Pegnitz.

Uno de esos magníficos ejemplos de confluencia fluvio-arquitectónica es el hospital del Espíritu Santo, construido casi a modo de puente, con los cimientos hundidos en el lecho. Muchos son los edificios que tienen acceso por las calles, pero cuyas fachadas traseras vuelcan sus ventanales al río como si de una Venecia germana se tratase.

Contra la espectacular Ópera compite el sinuoso castillo medieval, pero también las iglesias de San Lorenzo o San Sebaldo, de corte catedralicio, el goticista ayuntamiento (Rathaus) y, sobre todo, las fuentes. La traducida como “Fuente Hermosa” está situada en la Hauptmarkt o plaza del Mercado y se asemeja a un recargado pináculo de catedral. O la siniestra fuente “Carrusel del Matrimonio”, donde al visitante, si las tiene, se le esfuman para siempre las ganas de casarse.

Nürnberg se merece un lento paseo en silencio. Tiene ese aire de ciudad del norte donde parece que nunca llegará el verano. Su recuerdo me hace pensar en el abrigo y la bufanda, en el viento que corta la cara a la vera del río. Pero, sobre todo, en su añeja silueta de colores otoñales.

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