Bucarest: volver a la Europa del Este de los 90

Rumanía, país de moda para el turismo, historia y paisajes milenarios

Ahora parece de moda… Un lugar barato en Europa con mucho por ofrecer. Cuando estuve, hace tres o cuatro veranos, fui a Rumanía con un billete comprado a última hora y sin esperar nada de ese destino. El resultado fue la más espectacular “road movie” que hubiera tenido hasta el momento.

Rumanía ofrece hermosas ciudades con centros históricos impresionantes, como Brasov -mi favorita- o Sighisoara, la ciudad natal del celebérrimo Drácula, cuyo castillo es Bran es uno de los atractivos turísticos más visitados del país.

Más allá del componente legendario de su ocupante, arquitectónicamente es una construcción más. Encontraremos sin embargo palacios dignos de cuentos de hadas, casi como si visitásemos la mismísima Baviera. Es el caso de Sinaia.

Bucarest, a caballo entre la modernidad y el Telón de Acero

Las dos grandes ciudades del país oscilan entre la opulencia y la decadencia. Bucarest y su centro peatonal se jactan de una bulliciosa y cara -para la media del país- vida nocturna. Elegantes terrazas y sofisticados cócteles conviven con calles levantadas y edificios semiderruidos a solo unos metros. Los lugareños pasan las tranquilas tardes de domingo celebrando bodas o remando en los lagos de los verdes parques del norte de la ciudad.

Mientras, al suroeste del centro, el mayor edificio de Europa se impone a los visitantes. Ceaucescu el ególatra, para mayor gloria de sí mismo, erigió el monumental parlamento, sólo menor que el Pentágono estadounidense. Los barrios de arquitectura comunista contrastan con esta mole stalinista, de interiores suntuosos.

Constanța o Constanza, la vigía del mar Negro

Constanța o Constanza, por su parte, pone el contrapunto a la capital. A orillas del mar Negro, esta típica urbe de raigambre mediterránea está salpicada de mezquitas y símbolos musulmanes. Sin embargo, todo en ella está marcado por la decadencia: paredes desconchadas, tejados levantados…

A solo unos kilómetros, la costa es refugio de ricos veraneantes ávidos de sol y precios asequibles. Los italianos han hecho de ella la Ibiza de los alemanes. Más al norte aún, un crucero por el delta del Danubio, pensando en silencio, mientras el viento nos humedece la cara, nos reconcilia con el desastre estructural que es Rumanía.

Conducir por las carreteras rumanas es una aventura en sí misma, especialmente en el norte. Pero la Rumanía rural… la recorreremos en otro episodio.

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