Las Lagunas de Villafáfila y el castillo de Castrotorafe en el Esla

Zamora: las Lagunas de Villafáfila y el castillo de Castrotorafe en el Esla

Las Lagunas de Villafáfila, en Zamora, son uno de los mayores humedales de Europa y un lugar sin parangón para el avistamiento de aves

Las Lagunas de Villafáfila son uno de los humedales más importantes de Europa y un lugar excelso para la observación de aves migratorias, cuya visita se completa con el maravilloso mirador sobre el Esla desde las ruinas del castillo de Castrotarafe, en las Tierras del Pan. Estas comarcas, la de Campos y la del Pan, son grandes extensiones cerealísticas que amarillean en verano, con poca vegetación leñosa, pero con ricos paisajes y secretos antropológicos que bien valen una visita.

Muchos de sus pueblos están prácticamente abandonados o han perdido hasta tres cuartos de su población en las últimas décadas. Envejecidos y volcados en la agricultura y un discreto turismo rural, cuentan sin embargo con un gran valor: las comunicaciones. Al contrario de lo que ocurre con otras zonas de la llamada España Vaciada, las Lagunas de Villafáfila y su entorno están trianguladas por tres autovías: la del Noroeste o A6; la Ruta de la Plata o A66; y la Autovía del Duero, que une Tordesillas y Zamora, atravesando Toro. Esto permite que la zona sea una escapada accesible desde el amplio cuadrante noroeste y la zona centro de la Península o desde Portugal.

Antes de llegar a Villafáfila, el castillo de Castrotorafe en la presa de Ricobayo sobre el Esla

Es una obviedad que estas amplias llanuras que conforman Castilla La Vieja están plagadas de castillos en los pocos puntos elevados o en otros recodos estratégicos. Ocurre así en un hermoso meandro del Esla, en plena Tierra del Pan. El Esla riega abundantemente las fértiles tierras de León y Zamora. Es el más caudaloso de los afluentes del Duero, más incluso que el propio Duero cuando se unen. Vierte sus aguas a él ya pasada Zamora capital, yéndose hacia Portugal.

Justo antes, sus aguas son embalsadas en la presa de Ricobayo, que ofrece una postal idílica. No solo por ese meandro que la vista no alcanza a abarcar excavando las llanuras, sino por las imponentes ruinas del castillo que lo preside.

Al pie de la Vía de la Plata, se piensa que el enclave de Castrotorafe puede hundir sus raíces en la época romana. Por su situación estratégica, dominando no solo esta ruta, sino también la frontera con Portugal cuando este se independizó, Castrotorafe fue ganando población e importancia, especialmente mientras perteneció al Reino de León.

Las ruinas del castillo de Castrotorafe

En la Baja Edad Media, sucesivos enfrentamientos y la elección equivocada de bando le valieron un progresivo abandono al poblado. En el siglo XVI, Castrotorafe recibió la puntilla con el derrumbe del puente sobre el río Esla, que tanta riqueza comercial y tributaria le había generado. A finales del siglo XVII ya consta el abandono total del poblado.

Algunas piedras de la muralla y parte del castillo siguen en pie, aunque en manifiesto riesgo de un mayor deterioro. Hace diez años, se derrumbó otro de sus cubos. Su estructura, no obstante, es imponente. La fachada sur es la más cuidada y su interior está completamente derruido.

Además de unas vistas espectaculares y un buen paseo a la orilla del río, incluso con dulces playas donde mojar los pies, el propio paseo de llegada es muy agradable. La salida está señalada en la N-630, la antigua Ruta de la Plata, en Fontanillas de Castro.

Desde Ricobayo, aguas abajo del Esla, disfrutaremos de puentes y miradores, pero nos iremos alejando de nuestro objetivo inicial: las Lagunas de Villafáfila.

La pequeña laguna de Manganeses de la Lampreana

Dependiendo de por dónde accedamos al área de las lagunas, nos encontraremos primero con unas u otras. Si llegamos desde Zamora capital o desde nuestra parada en Castrotorafe, el primer pueblo que encontraremos será Manganeses de la Lampreana. Paradigma de lo que supone la España Vaciada, este apacible pueblo ha visto reducida su población a la cuarta parte desde los años 40 hasta hoy.

Su extensión a vista de pájaro es la de una villa próspera. La respuesta de los parroquianos de los bares… “la mayoría de esas casas llevan años vacías”. Es un buen campamento base para visitar la zona, con tiendas con lo necesario, varios bares, un bonito centro para pasear, hoteles rurales y buena acogida.

El paseo incluye una pequeña laguna, visible hasta primavera, cuando comienza la evaporación progresiva hasta desaparecer en verano. Es la primera del complejo de lagunas superficiales de Villafáfila, en todo su esplendor en los meses de lluvia, pero que, según el año, pueden llegar a desaparecer ya en mayo.

Otero de Sariegos: un pueblo abandonado digno de película

Villarín de Campos y Villafáfila son las dos grandes poblaciones del corazón de la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila. Pero, sin duda, su pueblo más atractivo es Otero de Sariegos, mirador a su vez sobre la Laguna Salina Grande, la mayor del conjunto lacustre.

Otero de Sariegos es un pueblo completamente abandonado, pero con edificios en pie, incluyendo la iglesia de San Martín de Tours. Contra las llanuras amarillentas y el sol radiantemente azul, podría rodarse en él cualquier película de posguerra.

Probablemente el mejor mirador para el avistamiento de aves sea el que se sitúa a sus pies. Si vais a estar mucho tiempo o al atardecer, es aconsejable llevar repelente de insectos, pues los humedales son un auténtico paraíso para ellos. En algunos momentos, es necesario ir apartándolos con la mano. Detallados paneles explicativos exponen los diferentes tipos de aves que pasan por Villafáfila y los mejores momentos para verlas, en función de su destino invernal o estival.

Rodeando la laguna por las pistas de tierra en lugar de volviendo a la carretera, pasaremos al lado del Puente Romano de Villarigo. Hoy por hoy, sortea la maleza en lugar del agua, pero llama la atención ver un puente de tan hermosa factura lejos del agua. Quizá en cortos períodos de intensas lluvias llegue a emerger el riachuelo que salvaría cuando se construyó.

La Casa del Parque

Si en lugar de perdernos por los caminos rústicos seguimos la carretera que une Villarín de Campos con Villafáfila y después giramos desde esta hacia Villalpando, tendremos a pie de ruta los otros dos grandes miradores sobre las lagunas.

El primero, nada más salir de Villarín, es el de la Laguna de San Pedro. Tanto este como los miradores situados sobre la ruta que parte de la Casa del Parque gustan a quienes tienen equipos de avistamiento de aficionados por el menor tamaño de las lagunas. En la Salina Grande, las aves pueden estar a decenas de metros, mientras que aquí se sitúan más cerca de las orillas.

La Casa del Parque sirve a su vez como centro de interpretación, con explicaciones más extensas sobre la formación lacustre y las aves que las habitan temporalmente.

La formación geológica de las lagunas y su ciclo anual es apasionante: desde cómo emergen las aguas en la época húmeda, absorbiendo las sales subterráneas, hasta cómo se desecan en verano, dejando una tierra cuarteada no por una sequía extrema, sino por el componente salino de las aguas.

Una recomendación gastronómica: no podéis abandonar la zona sin haber “saqueado” Casa Fidalgo, a escasos metros de la Casa del Parque. Esta fábrica-tienda de embutidos ofrece productos cárnicos exquisitos, quesos de todos los tipos, licores, dulces y vino de Toro, entre otras delicias de la zona.

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