Balos y Gramvoussa, en los confines de Creta

Playa de Balos, en el extremo noroeste de la isla de Creta, Grecia

Balos, una de las playas más espectaculares de Creta, en un extremo de la isla, junto a Gramvoussa

La mayor de las islas griegas y la quinta del Mediterráneo ofrece frente a sus pequeñas hermanas helenas un abanico de playas de arena fina y dorada poco visto en este rincón del Mediterráneo perlado de piedra volcánica o acantilados, con algunas tan espectaculares como Balos o la isla de Gramvoussa. A pesar de que la isla es muy rocosa y montañosa, su tamaño le permite contar nada menos que con más de 1.000 kilómetros de costa.

Así, por mucha roca y acantilado que caiga a pico al mar, son también muchísimas las playas y pequeñas calas, algunas absolutamente paradisíacas. Dejando un capítulo aparte para la indescriptible Elafonisi, destaca al menos una playa espectacular en cada esquina de la isla.

Le regalaremos el norte, el más extremo noroeste para ser exactos, a Balos, con mención especial a Falassarna.

Cómo llegar a la inaccesible playa de Balos

Balos es un arenal casi inaccesible por tierra, a donde se llega tras una empinada ruta pedestre que culmina un viaje por tortuosas carreteras sin asfaltar desde Kissamos; o bien desde ahí, desde el puerto de Kissamos (también conocida como Kastelli), por barco.

La caminata regala una vista que quita el hipo al llegar a la cima de la cresta; la travesía, por su parte, permite hacer parada en la pequeña isla de Gramvoussa y visitar, también previa caminata empinada, el castillo que la corona. La playa de su pequeña bahía, de guijarros, no es gran cosa comparada con las que vamos a ver, pero permite refrescar los pies a la bajada mientras se espera por la partida del barco.

Parada en la isla de Gramvoussa, con su espectacular fortaleza

Durante toda la travesía, no se pierde de vista la roca parda y abrupta del cabo o península de Gramvoussa, el último confín del departamento antes capitalino de la isla, Chania o La Canea. Y otra isla, Agria Gramvoussa, igual de hostil que los filos de la península.

Ya de lejos, y a pesar de ser del mismo color parduzco, destaca en lo más alto de Gramvoussa el antiguo castillo veneciano, cuyo perímetro y algunas de sus puertas están muy bien conservados. Fue toda Creta conquista veneciana y botín de piratas, por lo cual los fuertes y castillos son habituales en cada esquina.

Al llegar a la bahía de Imeri Gramvoussa, la isla principal, lo primero que llama la atención es el esqueleto oxidado de un barco varado. Bajamos por el pequeño dique y caminamos por lascas y guijarros. Quienes optan por no trepar hasta el castillo, tienen la opción de bucear; ya que, si bien la playa no es el paraíso de los amantes de los arenales, sí que su lecho cristalino anima a sumergirse.

Subir al castillo de Granvoussa y ver Balos y su laguna azul

La subida al castillo, bajo el sol abrasador del Mediterráneo oriental, debe ser rápida por el corto tiempo de la parada. Por suerte, el viento sopla fuerte en esta esquina cretense y aplaca el sudor del rudo ascenso. La fortaleza tiene una base particular, adaptada al terreno, desigual en altura en sus lados.

Fue construida en 1579 por La Serenísima, para vigilar la piratería. Un siglo después, y tras convertirse en resistencia junto a Spinalonga y Ierapetra, cayó en manos de los conquistadores turcos, hasta la revolución griega de 1821. Pasó a ser ocupado entonces por los revolucionarios, que lo utilizaron para piratear suministros de supervivencia.

Al pasar Creta a formar parte oficialmente a Grecia, el castillo cambió a titularidad oficial y su visita es gratuita. Desde sus múltiples huecos y miradores, se contempla la abrupta subida y, a lo lejos, ya se vislumbra Balos y su laguna azul.

Pisar la arena de Balos y zambullirse en su hermosa laguna

La playa al este y la laguna al oeste del tómbolo que une la península de Gromvoussa con un escarpado islote se deben al estancamiento de arena por las corrientes a ambos lados del pequeño afloramiento rocoso que une los dos trozos de tierra. El barco atraca al oeste, dejando unas horas libres para pasear por todo el entorno y tomar fotos paradisíacas, incluyendo algunos granos de arena rosa en la orilla, del mismo crustáceo que dibujó Elafonisi.

Pero, al contrario de la mayoría de experiencias que he leído después de ir, aunque Balos me pareció una preciosa postal, fue un tormento para pasar un día de playa. No hay prácticamente arena para tumbarse -la poca que hay está ocupada por sombrillas y tumbonas de pago-, sólo piedra; la laguna únicamente era transparente en sus orillas, nada más pasar de la rodilla, el agua estaba negra y no se veía el fondo por la intensa vegetación y ramas que habían caído al agua.

Además, el agua en ese punto era bastante más fría que en el resto de playas de la isla y el viento, al menos aquel día, era ensordecedor.

Otras playas del noroeste de Creta: Falassarna

Sin la espectacularidad de Balos, en la base de la península, en su cara occidental, Falassarna sí ofrece un día de playa de ensueño. La meandrosa carretera que sale de Kissamos nos lleva durante casi 20 kilómetros a uno de los mejores arenales de Creta, incluido a veces entre las más bellos de Europa.

Tras la subida, comenzamos a descender hacia la bahía con la vista de una playa kilométrica, la principal, Pacheia Ammos, y una ladera plagada de invernaderos y cultivos. Antigua ciudad romana, en los alrededores de las playas enlazadas que componen Falassarna podemos hacer visitas a yacimientos arqueológicos y a la hermosa capilla de Agia Paraskevi.

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