Cataluña salvaje en la costa gerundense y el Cabo de Creus

Cadaquès, joya de la Costa Brava y del Cabo de Creus en Girona

Las calas más hermosas de Cataluña están en torno al Cabo de Creus, en la Costa Brava

Arena gruesa, agua a veces un poco fría y rachas de viento de tramontana que llegan del norte, de los Pirineos, y por las que podemos terminar con la toalla sobre los hombros. Todo merece la pena con tal de disfrutar de la Costa Brava y del Cabo de Creus y sus escondites.

Algunas de las más hermosas calas de la Península Ibérica se concentran en el municipio de Begur. El encanto de las aguas caribeñas y el arenal oscuro de Sa Riera y Aiguablava solo se ve perturbado en días de excesivo calor. Entonces, el poco espacio que ocupan no será suficiente para todos los que se acercan a pasar la jornada.

Hermosa, histórica y cinematográfica es Tossa de Mar, que merece un capítulo aparte tanto por sus paisajes como de su visitante más ilustre, Ava Gardner.

Cadaquès, entre el mar y el arte de Salvador Dalí

Salvajes son algunos de sus paisajes, pero también las carreteras para llegar a Cabo de Creus. Su gran tesoro es Cadaquès, con una playa que no enamora a los bañistas, por tamaño y por ser de guijarros, pero que enamora con todo cuanto lo que la rodea y con las luces que también enamoraron a Salvador Dalí.

El brillo de este rincón es especial, y sus casas encaladas sobre la playa nos transportan a las Islas Griegas y, en concreto, a la Pequeña Venecia de Mykonos. No es difícil imaginarse al gran genio pintando este cuadro, en especial porque su presencia nos acompaña al borde de la playa en forma de estatua.

Taballera o Boadella, algunas de las calas más resguardadas de la multitud

La cala Taballera se asemeja a un lago por su escasa salida al mar. Al final del entrante tenemos un trocito de arena. Sus aguas son espectacularmente cristalinas, por lo que resultan muy atractivas para amantes de los deportes subacuáticos como el esnórquel.

Un poco más al sur, buscaremos el único rincón semivirgen de la depauperada por el turismo de borrachera Lloret de Mar. Se trata de la cala Boadella, a la que se llega por un apacible sendero boscoso de unos dos kilómetros y en la cual se practica el nudismo.

El centro de la playa lo preside una espectacular roca fácil de escalar. A su derecha, la playa comienza a hacer recovecos donde se resguardan quienes quieren practicar un nudismo más activo.

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