Los músicos que nunca llegaron a Bremen

Entre Marktplatz y Dom St. Petri, emergen los famosos Músicos de Bremen

Discretamente en una esquina entre la espectacular plaza del Mercado (Marktplatz) y la catedral de San Pedro (Dom St. Petri), encontraremos la atracción más carismática de Bremen, pero ni de lejos la más vistosa: la escultura dedicada a los famosos animales músicos de la fábula de los Hermanos Grimm.

Los célebres escritores, que recorrieron la Alemania del siglo XIX haciendo un estudio de la cultura popular y recogiendo historias que después convirtieron en los cuentos para niños más leídos del mundo, narraban en Los músicos de Bremen las peripecias de un burro, un perro, una gata y un gallo que, sabiendo que en un futuro cercano iban a ser pasto de un caldo para los granjeros, decidieron huir. Su destino era Bremen, en donde querían triunfar como músicos. Sin embargo, a medio camino, se encontraron con una granja abandonada donde pasar la noche. Allí, se guarecían unos ladrones, a los que espantaron haciendo ruido todos a la vez. Tomaron la granja y se quedaron a vivir en ella. Huyeron así de la cazuela, pero nunca llegaron a Bremen.

No obstante, la ciudad que da nombre a la fábula les rinde homenaje por medio de una escultura de los Bremer Stadtmusikanten entre el Rathaus y la iglesia de Nuestra Señora (Kirche unser lieben Frauen). En ella, aparecen subidos el uno al otro en forma de pirámide y varias partes, como el hocico del burro, relucen especialmente por la creencia de que tocarlos da buena suerte.

El imponente balcón del Rathaus, joya de Bremen

Fabulosa, pero solo una anécdota entre todo lo que Bremen tiene para mostrar al visitante. Como la propia Marktplatz, en cuyo lateral se sitúa una maravilla arquitectónica que nos traslada a la Edad Media: el imponente balcón del Rathaus y la estatua del Caballero Roldán, que datan del siglo XV. La estatua, que se mantuvo en pie a pesar de los bombardeos de la II Guerra Mundial, es símbolo de que, mientras siga en pie, también Bremen seguirá invicta.

Al lado de la plaza está la catedral, en cuya Keller o sótano pueden visitarse unas momias. También se puede subir a la torre y contemplar toda la ciudad. Sin embargo, estas visitas no están siempre disponibles y no existe un calendario exacto. Desde la fachada de la plaza frente al Rathaus o ayuntamiento, se accede a la singular Böttcherstraβe, una angosta callejuela que sobrevivió a los intentos de derribo de los nazis por considerar su arte subversivo. Una de sus múltiples construcciones a admirar es la coronada con el Glockenspiel, un juego de campanas que cada tanto suenan en forma de concierto y congregan a la multitud en ese ensanchamiento de la calle.

Bremen, cuna del movimiento político verde, está rodeada de espacios para esparcir. Uno rodea todo el centro histórico siguiendo el trazado y el foso de la antigua muralla. De hecho, el foso es hoy un espléndido canal que compite en paseantes con las orillas del río Weser, sus cafés y sus mercadillos de fin de semana. Cerca de la Hauptbahnhof o estación central, en ese parque puede divisarse un espléndido molino de viento que nos acerca a la vecina Holanda. Está habilitado como restaurante.

Precisamente a orillas del Weser se encuentra lo que para mí es la mayor joya de Bremen, compitiendo incluso con su plaza principal: el antiguo barrio de Schnoor. En su día barrio bajo de pescadores y marineros, donde corría el alcohol y se practicaba la prostitución, es hoy un encantador rincón de coloridas casas bajas, estrechos callejones y encantadores cafés con terraza. Animado durante todo el día, especialmente para el desayuno y los cafés de media tarde, por la noche se convierte en uno de los lugares favoritos de los locales con buen poder adquisitivo para ir a cenar. Probablemente la tienda más particular sea la que vende artículos artesanales de Navidad durante todo el año. Se puede ver incluso cómo sus dueñas, ya bastante entradas en años, los engarzan durante todo el día.

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