La costa de Chipre: azul cielo, azul mar, azul ONU

Agía Napa, el apacible pueblo pesquero que heredó el turismo de una Famagusta fantasma

Agía Napa o Ayía Napa (Santa Napa) era un pequeño pueblo costero de pescadores de vida tranquila, hasta la invasión turca de 1974. Situado en la costa sureste de la cálida isla de Chipre, sus aguas son las más puras de Europa (discutible esta ubicación en lo geográfico, que no en la civilización, completamente helénica). El intenso azul turquesa del mar es sólo el reflejo del límpido cielo sin una nube.

Las playas de esta región son las más bellas de todo Chipre. Su arena es fina y blanca, pero se va ennegreciendo hacia el centro de la isla y, finalmente, se convierte en roca en el oeste. A pesar de la belleza de estas bahías, el turismo había elegido las poblaciones situadas un poquito más al norte, en el entorno de Famagusta, la gran capital regional.

Todo cambió con la invasión turca. Famagusta es hoy territorio de la fantasma “República Turca del Norte de Chipre”, ese país reconocido tan sólo por sí mismo y sus conquistadores. A su alrededor, no sólo territorio turco; sino, lo que es peor, tierra de nadie. En Deryneia se acaba un país, Chipre, y lo hace de forma brusca y hasta violenta. Una parada de autobús al final de lo que queda de ciudad nos deja en mitad de la nada, frente a una verja con carteles de “prohibido pasar” o “prohibido hacer fotos”. El que hoy es el último edificio de la ciudad, con vistas a la desoladora zona franca, ha convertido su último piso en una curiosa atracción turística: el mirador Annita’s.

Un balcón a Varosia y al resto de la Tierra de Nadie de Chipre

Desde la azotea, el desconsuelo de ver el antiguo barrio balneario de Varosia abandonado desde hace casi cuatro décadas. Frente al edificio, hace apenas seis años, se produjo la última matanza producto de esta guerra fría que se vive entre “los dos Chipres”. A mí misma me amenazaron al verme con la cámara. En ese momento sentí un poquito de angustia. Estaba sola, el autobús me había dejado en la parada y había empezado de nuevo su ruta. Podía haber ilustrado este post con esa foto que me costó la bronca y que tanto me impactó. Pero sería muy injusta con este pequeño trozo de paraíso, con este Caribe europeo.

Agía Napa y Prótaras crecieron a raíz de perder el centro turístico de Famagusta y sus alrededores. Pero Chipre sigue manteniendo un pasado colonial que aún no desaparece por completo. Las preciosas cuevas marinas del cabo Greco sólo son visibles desde los barcos, pues ese territorio es la base de un radar inglés, como ocurre con la península de Akrotiri, al lado de Lemessós (Limassol).

Pero no todo es paraíso en Agía Napa. El creciente turismo occidental, sobre todo con el boom de los vuelos de bajo coste, ha convertido a esta pequeña localidad en la Ibiza oriental. La música dance puede oírse a varios kilómetros del centro hasta avanzada la madrugada. Es difícil abstraerse del turismo… aunque resulta muy sencillo sumergidos en el edén.

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