Caminar sobre las aguas en Albania

Laguna de Patokut o Patok, un camino sobre el mar en Albania

Si ves en el mapa una carretera sobre el mar, no hay nada que pensar: vete. Lo peor que te puede pasar es perdértelo. Y si, además, nunca en tu vida te han hablado de ese lugar, nunca has leído que existe, mejor que mejor. Así descubrí la Laguna de Patokut (o Lagoon of Patok en inglés).

Toda la vida había soñado con ir a Albania. Y, si bien mi idea original era llegar en ferry al sur desde Corfú, al final el cambio de viaje a Montenegro me llevó igualmente a Albania… pero por el norte. Dentro del lento desarrollo que está viviendo el país más pobre de Europa, la costa norte no está siendo la más favorecida por las inversiones para el turismo. Las playas de Sarandë, en el sur, se han convertido desde hace unos años en el destino de moda entre los viajeros que huían de “lo de siempre”. Toda la región se apropió de la denominación de “Riviera albanesa”, dejando de lado el resto de la costa.

Dando por hecho entonces que mi próximo viaje se lo dedicaría al sur, y tras haber escuchado en Tirana que “las playas del norte son de arena gris y las del sur de guijarros”, decidí volver a pasar la frontera y, simplemente, buscar las tiras amarillas en torno a Velipojë en Google Maps y explorar. La suerte quiso que pasara la frontera tan rápido que tuviera tiempo a decir… “bajo un poco más”. Y ahí apareció… una carretera que se adentraba en el mar. Amplié el mapa y, efectivamente, no pasaba por ninguna isla, era simplemente una carretera sobre el agua.

Pescadores remangados en la marisma y casas de madera flotantes sobre la laguna

Comenzar a recorrerla y abrir la boca fue todo uno. Antes de abandonar tierra, atraviesas un paisaje de ciénagas y terrenos pantanosos que se corresponden con las cuatro lagunas formadas originalmente. Después, el puntito azul indica que se acaba la tierra y que comienzas a conducir sobre el agua. Me estaba adentrando en la quinta laguna, la más joven geológicamente y la exterior. Sobre ella, se han construido casas flotantes de madera al estilo amazónico, pareciendo increíble que estés en Europa.

La laguna es aún un lugar de relax caro y alternativo, salpicado con pequeños restaurantes de diseño y en mitad de una tranquilidad onírica. No obstante, se ven trabajos de construcción cada pocos metros. El final de la carretera y sus pedreros hacia la marisma los utilizan los pescadores que, por la superficialidad de las aguas, se adentran a faenar a pantalón remangado. Los pantanos, además de hábitat marino, lo son también de cientos de especies de aves. También son zona agrícola, con amplias extensiones dedicadas desde siempre al sector primario, del que sobrevivían antes de la llegada del turismo.

Pero las sorpresas de la costa septentrional no acaban ahí. Más arriba del río Mat, que también forma un parque protegido, comienza hacia el norte la Reserva Natural de Kunë-Vain-Tale, en torno al delta del río Drin y la laguna Kunë-Vain. El camino entre las dos zonas nos sorprende con un gran sistema de búnkeres. Tras atravesar nuevos terrenos pantanosos, la fachada del Parque Bregut të Matit y de la reserva se descaran como largas playas de fina arena gris y un entorno vegetal.

Las transparentes, arenosas y hermosas playas del norte de Albania: Velipojë

Y no, no termina ahí. Porque el destino calculado, Velipojë, ni decepciona ni desmerece. En la parte este de otro delta, el del río Buna o Bojana (que comparte con Montenegro), esta espléndida playa de arena oscura también es el final de otro humedal con su propia laguna, la de Këneta e Vilunit. La playa, amplia y tranquila, tiene la particularidad de que sus aguas, claras y limpias como en todo el Adriático, no tienen el escalón propio de Montenegro, sino que carecen de profundidad, favoreciendo los mansos paseos agua adentro disfrutando desde el mar de la espléndida línea de la costa.

Hacia el interior, Shkodër es la gran ciudad del norte. Una de las más antiguas fundadas en Europa, hoy es lugar de paso de los pocos turistas hacia los parques naturales y una urbe en plena decadencia. Sobrevive la imponente fortaleza Rozafa a las afueras, con el nombre de Albania (Shqiponja) en letras gigantes sobre la ladera, y, en el centro, una bonita calle peatonal de casas repintadas como punto de partida para intentar recomponer el resto de barrios en el futuro. La Madre Teresa tiene aquí una de sus múltiples estatuas en su país de nacimiento.

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