Los colores marcianos de las minas de Mazarrón

Escombrera de entrada a las minas de Mazarrón, colores de Marte o como el Cerro de los Siete Colores, Murcia

Las minas de Mazarrón: una historia ligada a las entrañas de la Tierra

Mazarrón está tan lejos de Marte como cualquier otro lugar de la Tierra, aunque parezca que hayamos aterrizado en el Planeta Rojo. Tampoco es una película de catastrofismo, aunque alguna ya se ha rodado en este paraje. Las minas de Mazarrón han sido unas de las más longevas del mundo, datando el inicio de su explotación de época romana. Ya por entonces algunas galerías llegaron a 200 metros de profundidad.

Esta tierra, rica en plata, plomo y alumbres, entre otros, fue redescubierta para la minería en el siglo XIX. Y aunque no es la única mina de Mazarrón, el Coto de San Cristóbal-Los Perules es el más espectacular, Considerada Bien de Interés Cultural, una plataforma vecinal de reciente creación está trabajando para que se cuide realmente el entorno y no se pierda esa riqueza arqueológica, pues el abandono total ha traído consigo décadas de saqueos.

Con la nueva fiebre minera de la Era Industrial, se construyó entonces todo un complejo habitacional de barracones de obreros que, sumados a los propios edificios de trabajo, hoy ayudan a multiplicar el efecto fantasmagórico y apocalíptico del lugar.

El abandono de las minas de Mazarrón

A mediados de los años sesenta del siglo XX, la empresa que explotaba las minas dejó de considerarlas rentables y, simplemente, puso el candado y las abandonó. Por entonces aún no existían los complejos protocolos de descontaminación industrial ni la legislación ambiental.

Con el tiempo, la gente fue entrando a curiosear (y saquear), y hoy son un fuerte reclamo… para aquellos que buscan qué ver en Mazarrón. Porque, en realidad, es una riqueza turística poco conocida y explotada. Así, la visita es aún tranquila, pudiendo llegar al complejo en completa soledad.

Los minerales del subsuelo de Mazarrón han dibujado un paisaje digno de cientos de fotos

Pasear entre los colores ocres y terrosos, asomarse a los peligrosos agujeros o pararse ante la sombra de los castilletes resulta doblemente irreal en el completo silencio de esa vasta extensión, bajo el sol de justicia murciano y con la autopista, al fondo, como único río de vida.

Los suelos, altamente contaminados por compuestos químicos, emanan sin embargo una belleza desgarradora, destacando la ladera del acceso, con sus vetas violetas, por su gran parecido con el jujeño Cerro de los Siete Colores, en el Altiplano andino.

En época de lluvias, se forman llamativos charcos y balsas de vivos colores, pero con agua fuertemente contaminada. Normalmente, con la sequía endémica de la Región de Murcia, esos charcos no estarán. Lo que sí que es igual de peligroso que caerse en esas charcas es hacerlo por uno de los múltiples agujeros que salpican el terreno. Hoy la mayoría están vallados, pero puede haber algún hueco sin tapar.

En la mayoría de edificios la entrada no es peligrosa, aunque solo hay ruinas y pintadas, cualquier objeto que en su día tuviera cierto valor fue saqueado hace décadas. Al final del paseo, y enfilando el camino de vuelta hacia Mazarrón pueblo, tendremos la impresión de que estaremos regresando de otro planeta.

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