La blancura interminable de Tróia

La lengua de arena blanca que encierra el estuario del río Sado: la península de Tróia, una playa sin fin

Frente a la ciudad portuaria de Setúbal, se extiende hacia el sur un dique natural de arena finísima que ha cerrado hacia el Atlántico el estuario del río Sado y que se ha convertido en la península de Tróia, una lengua de infinitas dunas blancas que crean una playa continua y paradisíaca.

De formación geológica reciente, pero que cuenta en realidad con unos 5.000 años, la lengua o restinga fue creciendo desde el sur hacia el norte, hasta constituir una península de unos 25 kilómetros de longitud y una media de un kilómetro de ancho, compuesta de sedimentos arrastrados por el río Sado en su desembocadura y que, en su extremo norte, casi besa Setúbal. Desde la ciudad industrial se puede llegar en ferry; bien pagando billetes individuales en el catamarán que deja directamente en la playa de Tróia -en la punta- o en vehículo, con cargueros que con frecuencias de poco más de media hora llegan y parten de la cara interior de la península, a unos cinco kilómetros hacia el sur.

Llegar por tierra implica disfrutarla entera, desde el pueblo blanco de Alcácer do Sal

Si se accede por carretera, se rodea todo el estuario del Sado, unos noventa kilómetros desde Setúbal hasta Comporta, la base de la lengua. La primera parada obligada es el hermoso pueblo blanco de Alcácer do Sal. Además de los restos del viejo castillo o castelo, la aldea ofrece una panorámica de ensueño con su fachada orientada al río. A partir de ahí, el Sado va poco a poco ensanchándose y haciéndose estuario.

La primera población peninsular es Comporta. El pueblo está volcado hacia la ría, al igual que su inigualable puerto palafítico, construido en madera al modo de algunos poblados asiáticos o poblaciones andinas sobre el Titicaca. Pero su inmensa playa está en la orilla atlántica. En realidad, es una sola playa desde aquí hasta la punta, que va cambiando de nombre en función de urbanizaciones o simples chiringuitos, y que va perdiendo fuerza de oleaje según las corrientes se hacen más tranquilas hacia el norte.

Comporta, arena dorada y el mejor viento para el deporte

En Comporta, la arena es más dorada, el agua de un cobalto insultante cuando el cielo está despejado y el viento, el compañero ineludible. Por eso gusta más a los deportistas acuáticos que a quienes buscan tumbarse con tranquilidad. Cuenta con aparcamiento gratuito y otro de pago más cercano a las dunas. El corto paseo hasta el mar es muy agradable. Todos los caminos sobre las dunas, aquí y al norte, están construidos en madera en toda la península.

Yendo hacia el extremo, se encuentran algunas discretas urbanizaciones, dunas y más dunas, y vistas hacia el estuario; en el que, aseguran, de vez en cuando se avistan delfines. También ruinas romanas, que demuestran una población desde antiguo, y que están compuestas por los restos de una fábrica o conservera de salazones de pescado.

El cabo frente a Setúbal, agua turquesa contra arena blanca

La arena más blanca y el agua más turquesa se encuentran en el cabo, especialmente en la tranquilidad de su punta interna, ya que hacia el Atlántico las corrientes submarinas son fuertes, invisibles y traicioneras. Las zonas con exóticas sombrillas y hasta camas no impiden poder encontrar largas extensiones de arena vacía, a resguardo incluso de la gente. Aunque, obviamente, el mejor tramo para el baño está más concurrido. No nos dejemos engañar por el espectacular color y la mansedumbre de la marea… no deja de ser el Atlántico y rara vez la temperatura del agua pasa de los 20º.

Hacia la cara interna, cuatro mastodónticos edificios que se avistan desde cualquier lugar de la costa de Arrábida, construidos antes de una planificación más sostenible, con bloques bajos y de colores que casan con el medio. Es en el estuario, sin arena, donde están el puerto deportivo o Marina, los restaurantes y alguna tienda. Hace unos años, era impensable cruzar desde Setúbal sin llegar provistos de bocadillo y bebida para todo el día. Ahora, poco a poco, en parte para bien, en parte para mal, la península está cada vez más poblada y urbanizada, con servicios y aparcamientos gratuitos fuera de las dunas.

Una nueva isla, completamente virgen y que de momento es sólo un gran banco de arena emergido al que ir en barco, está naciendo hacia el oeste del cabo de Tróia. Aunque se ve a ras desde Tróia, la mejor vista se obtiene desde el castillo de Outão, al oeste de Setúbal.

 

 

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